domingo, 14 de octubre de 2012

HISTORIA DEL LOS JUEGOS OLIMPICOS


Si hemos de buscar un hecho concreto que marque el  cambio del deporte hacia la modernidad y lo acerque a nuestro concepto actual, ese es, sin duda, la recuperación de los Juegos Olímpicos (1896). Un hito que no puede comprenderse sin conocer la personalidad de su mentor e ideólogo, el  Barón de Coubertin. La afirmación debe ser tajante, pues el renacimiento de los Juegos es una apuesta personal de este adinerado aristócrata francés de finales del XIX, amante de la educación, la cultura y el deporte.

Pierre de Coubertin nace en París el 1 de Enero de 1863 en el seno de una familia cuyos ancestros trabajaron para el Rey Luís XI de Francia, quien les concedería cartas de nobleza en 1471. Un siglo después, en 1577, la familia adquiriría el señorío de Coubertin, cerca de la capital francesa, cuyo nombre adoptaría junto a sus títulos la saga familiar Pierre pasó su infancia en Normandía y cursó estudios en París, donde asistió a la Escuela de Ciencias Políticas. Pero pronto descubriría  que sus inquietudes se encaminaban por el camino de la educación, cuestión que le preocupaba cuando observaba a la juventud de su tiempo. El interés por la búsqueda de unos valores positivos con los que orientar y motivar a las nuevas generaciones fue lo que le llevó a abandonar las enseñanzas políticas y de instrucción militar para dedicarse de lleno a la pedagogía. En esa etapa, realizaría un viaje que le iba a marcar como persona e iba a forjar la figura que hoy todos conocemos. Coubertin visitó Grecia y las ruinas del antiguo estadio de Olimpia, donde escuchó con atención las historias sobre los juegos y los valores olímpicos. Quedó absolutamente impresionado y seducido por valores como la superación, la concordia y el respeto, tan presentes en los antiguos Juegos Olímpicos. A su vuelta a Francia no dejó de pensar en la idea de recuperar un acontecimiento que reuniera a los mejores atletas del momento y cuya magnitud fuera tal que, como en la Antigüedad, todos respetaran su celebración con una tregua entre los pueblos. Sin perder de vista la idea, comenzó a exponer y publicar estudios sobre la educación física y el desarrollo del deporte, que fueron muy populares en Francia.

Pero el punto culminante llega el 25 de Noviembre de 1892 cuando, tras una conferencia en la Sorbona de París sobre “El ejercicio físico en el mundo moderno”,
anuncia el restablecimiento de los Juegos Olímpicos. Recibió un caluroso aplauso del auditorio, pero su idea fracasó. Fue una noticia que, en principio, no se tomó demasiado en serio. Sin embargo, para Coubertin la maquinaria de organización y sufragio del proyecto ya estaba en marcha. El barón visitó a algunos políticos y aristócratas europeos en busca de apoyo político y económico. Las reacciones fueron desiguales, pero finalmente se consiguió reunir a representantes de catorce países, que constituyeron la primera manifestación del Movimiento Olímpico moderno.
En 1894, y de nuevo en la Soborna, Pierre de Coubertin anunciaba la renovación de los Juegos Olímpicos y la fundación del Comité Olímpico Internacional (COI), que presidiría desde ese momento el griego Demetrius Vikelas, quedando Coubertin como Secretario General. Se decide, además, que los primeros Juegos Olímpicos modernos se celebrarían en  Grecia, como homenaje a la tradición antigua que los había inspirado y se repetirían cada cuatro años en importantes ciudades del mundo que desearan albergarlos. A partir de ese momento comenzaba una carrera olímpica  plagada de dificultades políticas y financieras. Estas últimas iban a suponer un pesado lastre para la organización del evento, tanto en ese momento como en el futuro. Los Juegos de Atenas pudieron celebrarse finalmente gracias a la vital aportación económica de un adinerado comerciante griego llamado George Averof, quien donó la importante cantidad de un millón de dracmas, gracias a los cuales pudo construirse el primer estadio olímpico: el Panathinaiko.

En el verano de 1896, el Rey Jorge I, ante 70.000 personas que abarrotaban el nuevo Estadio Olímpico de Atenas, inauguraba solemnemente los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. La participación final fue de un total de 311 atletas que representaron a 11 países diferentes. El público local asistió al fracaso de la mayoría de los atletas griegos que se inscribieron en las distintas pruebas, pero esto no cambió el hecho de que el mayor triunfador de los juegos y,  en definitiva, el primer héroe olímpico, fuera un atleta griego. Un humilde panadero, de nombre Spiridion Louis, fue el vencedor de la prueba reina de la cita olímpica, la maratón: una carrera de 42 kilómetros proyectada como homenaje a la gesta que narra la leyenda aceca del
soldado ateniense Filípides, quien siglos atrás había corrido la misma distancia desde
Maratón a Atenas para anunciar a sus compatriotas la victoria ateniense sobre los persas, cayendo muerto de fatiga tras comunicar la noticia.

A la conclusión, el balance de los primeros Juegos Olímpicos fue bastante positivo, pero quedaba lo más complicado: darle continuidad al proyecto. Los gobiernos de los países más fuertes económicamente del mundo occidental veían la idea con escepticismo y no eran partidarios de arriesgar su dinero por un proyecto no consolidado. Sería decisiva la presión del Barón de Coubertin, convertido desde 1896 en Presidente del COI (cargo que mantendría hasta 1925) para que el gobierno francés accediera a la organización de los Juegos Olímpicos de 1900 en París. Unos juegos marcados por el escepticismo político y ciudadano y que, además, coincidieron con la Exposición Universal en la capital francesa, lo que acabaría por convertirlos en un gran fracaso, pero del que podemos destacar el importante hecho de la participación por primera vez de la mujer en los Juegos, en las disciplinas de tenis y tiro con arco. 
Para la edición de 1904 se ofrecieron dos ciudades estadounidenses que libraron una dura pugna, la cual finalizó con la intervención directa del Presidente Roosevelt a favor de Saint Louis y en detrimento de Chicago. Sin embargo, esta cita tampoco fue un éxito, convirtiéndose más en una feria de nacionalidades, coincidiendo nuevamente con una Exposición Universal, que en una competición deportiva. 

Quizás, la anécdota de los Juegos fue el primer intento con repercusión internacional de fraude deportivo en una cita olímpica, protagonizado por el maratoniano Fred Lordz quien ganó la carrera haciendo parte del recorrido en automóvil. Aunque probablemente los Juegos de Saint Louis 1904 también serán recordados por su  fuerte carácter racista, mostrado en la realización de unos “Juegos paralelos” denominados “Jornadas Antropológicas” en las que participaron los atletas de raza no blanca. Los problemas continuaban, aunque era buena señal que los Juegos los superaran y siguieran celebrándose. La cita de  1908 debía de albergarla la ciudad Roma, pero, con todo preparado, la crisis económica por la que se vio afectado el país, con catástrofes como la erupción del volcán Vesubio, hicieron desistir a la ciudad de la organización de los Juegos en el último momento. Finalmente, Londres se hizo cargo de la organización de unos Juegos que contaron con una considerable
participación (2034 atletas de 22 países) y con el dominio estadounidense en el medallero. Precisamente, los atletas norteamericanos al  llegar a Nueva York triunfantes, pasearon por sus calles un león encadenado como símbolo del poder británico derrotado, algo que creó un importante problema diplomático.   

STRESS


 ¿Qué es el estrés?

El estrés es la respuesta automática y natural de nuestro cuerpo ante las situaciones que nos resultan amenazadoras o desafiantes. Nuestra vida y nuestro entorno, en constante cambio, nos exigen continuas adaptaciones; por tanto, cierta cantidad de estrés (activación) es necesaria.
En general tendemos a creer que el estrés es consecuencia de circunstancias externas a nosotros, cuando en realidad entendemos que es un proceso de interacción entre los eventos del entorno y nuestras respuestas cognitivas, emocionales y físicas. Cuando la respuesta de estrés se prolonga o intensifica en el tiempo, nuestra salud, nuestro desempeño académico o profesional, e incluso nuestras relaciones personales o de pareja se pueden ver afectadas.La mejor manera de prevenir y hacer frente al estrés es reconocer cuándo aumentan nuestros niveles de tensión y ante qué estímulos o situaciones

Síntomas de estrés

Las señales más frecuentes de estrés son:
Emociones: ansiedad, irritabilidad, miedo, fluctuación del ánimo, confusión o turbación.
Pensamientos: excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos, preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos, excesivo temor al fracaso.
Conductas: tartamudez u otras dificultades del habla, llantos, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas; aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; mayor predisposición a accidentes;  aumento o disminución del apetito.
Cambios físicos:  músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes e infecciones, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca

¿Cómo se produce el estrés?

Los eventos externos como generadores de estrés no necesariamente deben ser muy notorios o intensos, sino que pueden “acumularse” en sus efectos hasta que llegamos al límite. La manera en que interpretamos y pensamos acerca de lo que nos ocurre afecta a nuestra perspectiva y experiencia de estrés. De manera que con frecuencia es nuestra interpretación lo que genera (o potencia) una reacción negativa de estrés, más que el evento o situación a la que nos enfrentamos.
Como ejemplo tomemos el caso de un alumno acostumbrado a Matrículas y sobresalientes que obtiene aprobado en un trabajo. La idea de que esa nota le puede afectar a su expediente académico y con ello a sus posibilidades de conseguir una beca o trabajo al que aspiraba, puede tener un efecto amplificador o multiplicador en su nivel de estrés convirtiéndolo en ansiedad Nuestra reacción a las situaciones del entorno, está también afectada por nuestro nivel general de salud y bienestar. Una persona que está siempre agobiada, que duerme poco y no come de manera equilibrada, probablemente disponga de menos recursos para afrontar situaciones difíciles. La clave está en que logremos equilibrar descanso,  alimentación, ejercicio físico, trabajo-estudio y ocio.

Fuentes de estrés durante los años de Universidad

Como hemos dicho, el estrés es una parte cotidiana de la vida y la cantidad de tensión que cada persona es capaz de tolerar es diferente, y además varía según
el momento de la vida, las circunstancias personales, laborales o familiares.
Durante los años de universidad las principales circunstancias que contribuyen al estrés suelen estar relacionadas con: dejar tu casa, tener que viajar diariamente muchos kilómetros, hacerte cargo de tu economía, compartir piso o bien vivir sólo a la vez que atender las responsabilidades académicas, las clases y las relaciones  personales. A esto hay que sumarle a veces los eventos positivos, como enamorarte o
preparar un viaje de estudios, que aunque agradables también nos agregan cierta tensión. Ante estas situaciones es cuando más nos cuesta distendernos o tomar distancia de ellos.
 Qué hacer ante el estrés?
Las estrategias para afrontar el estrés buscan prevenir o controlar los excesos en las demandas procedentes del entorno o bien de nosotros mismos. En los casos en que la situación que nos genera estrés es inevitable, como un examen o una lesión, el desafío consiste en hacer frente a la situación de la manera más saludable posible, lo cual incluye no seguir haciendo aquello que sabemos, por el pasado, que no nos ha dado resultado.

Para ello te sugerimos algunas estrategias que han probado ser eficaces, y que pueden ayudarte a hacer frente a situaciones de mucha tensión.

1. Relájate. Realiza actividades que te permitan renovarte física y psicológicamente: descanso, vacaciones, deportes y actividades de ocio, técnicas de relajación.
2. Haz ejercicio. Las actividades físicas como caminar, nadar, o incluso limpiar el cuarto, reparan nuestras fuerzas y nos reaniman.
3. Mantén una dieta saludable. Evita la automedicación y el abuso de cafeína, alcohol y comidas.
4. Sé asertivo. Establece límites, aprende a decir que «no».  Suspende las actividades que son menos prioritarias, es decir, “escoge tus batallas”.
5. Organiza tu tiempo. Prioriza y estructura tus actividades y expectativas.
6. Intenta mantener  expectativas realistas. Esperar demasiado de uno mismo o de los demás, exigirte perfección o ser inflexible con las prioridades puede generar mucha frustración.
7. Comparte tus emociones. Busca alguien con quien conversar y expresar tus emociones, tanto la risa como la pena y la rabia.
8. Anticipa las situaciones estresantes y prepárate.Imagina la situación (el examen o la entrevista, por ejemplo) y practica tus respuestas y reacciones para estar preparado.
9. Ordena tu espacio personal. Limpia y arregla tu cuarto y tu mesa de estudio. Cambia tu ambiente físico de manera que te ayude a trabajar y descansar mejor.

RUPTURA DE TENDÓN DE AQUILES


La ruptura del tendón de Aquiles, es el desgarramiento en fibras longitudinales irregulares de la unión musculotendinosao cerca de la inserción del calcáneo, representa el tercer lugar en la ruptura de los tendones mayores, después de las lesiones del manguito rotador y el cuadríceps. Desde la Grecia antigua ya se conocía esta patología, en guerreros y soldados. Ambrosie Paré, en 1575, fue el primero en describir la ruptura del tendón de Aquiles. En 1882 Maydl describió por primera vez la ruptura del tendón de Aquiles en un alpinista. Albercht, en 1924, y Silversjold, en 1942, reportaron lesiones atléticas  similares en bailarines, corredores y tenistas.
La ruptura del tendón de Aquiles, es una lesión de pacientes en edad productiva, se presenta en pacientes sedentarios, que han reanudado su actividad deportiva, sin previo calentamiento, estiramiento. Es frecuente después de la tercera década de vida. Si es reparado adecuadamente, la reincorporación al deporte es de 100%. El diagnóstico es difícil porque el  deportista a veces continúa caminando. La flexibilidad y elasticidad del tendón es primordial para los atletas, ya que evita la ruptura del tendón.

Definición
El tendón de Aquiles es una banda de tejido que conecta el hueso del talón con la pantorrilla. Una lesión en el tendón puede inflamarlo o romperlo por completo. La ruptura del tendón de Aquiles se define como una solución de continuidad a nivel del tendón que se observa más frecuentemente en la zona que va a 2 o 6 centímetros de su inserción a nivel del calcáneo. De acuerdo a su ubicación se pueden clasificar en proximales o miotendineas, en zona crítica o intratendinosa y en distales o insercionales. Lo más habitual es la ruptura a nivel de la zona crítica donde la irrigación del tendón es bastante escasa y, por lo tanto, los fenómenos de reparación es mínima.

Epidemiología y comorbilidad
No existe un registro nacional para determinar la incidencia de esta patología, sin embargo, en Estados Unidos se ha estimado entre 7 y 18/100.000, constituyéndose en la tercera ruptura tendínea más frecuente luego del manquito rotador y el cuádriceps. Es más frecuente en hombres (1.3 a 19:1) entre los 30 y 50 años y al lado izquierdo (extremidad utilizada más frecuentemente en el rechazo). Existe una relación hombre:mujer 2:1 a 12:1. Se menciona que las lesiones se asocian a actividad laboral, en estudios recientes indican que el 75% de la ruptura del tendón del Aquiles ocurre en atletas, en personas entre los 30 y 40 años de edad, que es más común en ciudades donde el trabajo es sedentario y disminuye marcadamente en el trabajo físico.

Etiología 
La etiología de las rupturas espontáneas  del tendón de Aquiles continúa siendo desconocida, pero las causas pueden ser simples o multifactoriales. Tres factores han sido involucrados en predisponer a un individuo a sufrir esta lesión. 
1. Mecánico, en el cual una contracción súbita e intensa del complejo músculotendinoso puede generar una tensión excesiva en el tendón y lesionarlo en presencia de un mecanismo  inhibidor de la contracción alterado, como lo postulan Inglis y Sculco en 1981.Y  por microtraumatismos repetitivos secundarios a un sobreuso.
2. Vascular, las lesiones del tendón de Aquiles son comúnmente limitadas a un segmento hipovascular o “zona crítica”, comprendida entre 2 y 6 cm de su inserción en el calcáneo, y que se acentúa después de la tercera década de la vida según Hastad y Lindholm en 1959.
3. Integridad de los tejidos, varios estudios han revelado que los tendones que se rompen tienen cambios degenerativos preexistentes que incluyen: degeneración hipóxica, degeneración  mucoide, tendolipomatosis y calcificaciones.

Los factores de riesgo 
1. Actividad deportiva (45 – 85%), especialmente en deportistas de fin de semana.
2. Presencia de áreas previas de tendinosis o degeneración intratendínea.
3. Utilización de corticoides en forma local (infiltraciones) o, menos frecuentes, sistémica.
4. Uso de fluoquinolonas como el ciprofloxacino.
5. Antecedentes de gota, la presencia de tenosinovitis y acúmulo de cristales de ácido úrico a nivel del tendón causan la ruptura.
6. Grupo sanguíneo O.
7. Presencia de un pie hiperpronado.
8. Artritis reumatoide, lupus eritematoso sistémico,  quizá esté influido por el tratamiento con corticosteroides.

Mecanismo de lesión
•Trauma directo al tendón,  como un puntapié en lesiones deportivas como el fútbol.
•Por estiramiento brusco del tendón.
•Por dorsiflexión forzada del tobillo o cuando el tobillo se encuentra relajado y no está preparado para la tensión.
•Por el desplazamiento del cuerpo hacia adelante con el talón fijo.

Diagnóstico
El diagnóstico temprano de la ruptura del tendón de Aquiles debe hacerse sobre las bases de la historia clínica y exploración física. Los factores de error en la etapa aguda pueden deberse a la tumefacción y al dolor en el sitio de la lesión, que dificulten la palpación del defecto en la  integridad del tendón. El deportista afirma “haber recibido un golpe, patada o pelotazo”.

• No hay traumatismo directo.
• El deportista cae de inmediato, pero puede incorporarse de inmediato e inclusive caminar (aunque le es imposible caminar de puntas).
• Dolor, aumento de volumen en zona del talón hacia la pierna.
• Separación de los fragmentos del tendón al explorarlo (deslizar con la palma de la mano el tríceps sural en dirección proximal hacia la rodilla).
• La flexión plantar no es posible si el tendón está roto.

Tratamiento 
El tratamiento de la ruptura del tendón de Aquiles ha sido controversial por más de 20 años: Hay opciones como técnicas cerradas utilizando un aparato de yeso en flexión plantar por 8 semanas, cirugías abiertas o percutáneas y el uso del aparato de yeso por 8 semanas. La técnica de  Krackow seguida de una movilización temprana con mínima inmovilización y un programa de rehabilitación progresivo. 
Los mecanismos precisos por los cuales la movilización ayuda al proceso de curación aún son poco conocidos, se cree que la reducción de las adherencias, la estimulación de los procesos intrínsecos de curación del tendón y la promoción de transporte de nutrientes pueden  ser factores definitivos. La rehabilitación del tendón de Aquiles debe ser específica y llevar una progresión cíclica. En la fase inicial de la rehabilitación, los pacientes deben incrementar la carga del peso así como aumentar progresivamente la movilidad  articular, aumentar la altura del zapato, la deambulación, prevenir cambios por desuso y promover la potencia funcional en la curación.